Si estás visitando la región de Meknes y ya te has maravillado con las ruinas romanas de Volubilis, hay un pueblo blanco encaramado en las colinas del monte Zerhoun que seguramente llamará tu atención desde la distancia. Se trata de Moulay Idriss Zerhoun, el corazón espiritual de Marruecos y uno de los lugares de peregrinación más importantes del país.

Hasta hace relativamente poco, este pintoresco y laberíntico pueblo era un lugar prohibido para los no musulmanes, quienes no podían pasar la noche allí. Hoy en día, sus puertas están abiertas a los viajeros que buscan la paz de sus callejuelas y el peso de su fascinante pasado.

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La cautivadora historia de Moulay Idriss

Para entender la devoción que rodea a este lugar, debemos remontarnos a finales del siglo VIII, un momento clave que cambiaría para siempre la historia del norte de África.

El protagonista de nuestra historia es Idriss ibn Abdallah (Moulay Idriss I), bisnieto del profeta Mahoma. En el año 786, tras la Batalla de Fakhkh cerca de La Meca, Idriss tuvo que huir de la persecución de la dinastía abasí, que masacraba a los descendientes del profeta para asegurar su poder.

Tras un largo y peligroso viaje cruzando Egipto y el norte de África, Idriss encontró refugio en el antiguo asentamiento romano de Volubilis, que por aquel entonces estaba habitado por la tribu bereber de los Awraba. Gracias a su carisma, su linaje sagrado y su conocimiento del Islam, los bereberes lo acogieron, lo nombraron su imán y le juraron lealtad.

Este evento marcó el nacimiento de la dinastía idrísida y la fundación del primer estado islámico de Marruecos, independiente de los califatos de Oriente. Idriss I unificó a las tribus locales y comenzó la construcción de su propia capital en las colinas del monte Zerhoun, así como los cimientos de la futura ciudad de Fez.

Sin embargo, el éxito de Idriss I llegó a oídos del califa abasí Harún al-Rashid (el famoso califa de Las mil y una noches), quien, temiendo el creciente poder de este nuevo reino, envió a un emisario con la misión de asesinarlo. En el año 791, Idriss I fue envenenado.

Fue enterrado en el pueblo que hoy lleva su nombre, y su tumba se convirtió inmediatamente en un lugar sagrado. Más tarde, su hijo póstumo, Idriss II, continuaría su legado y consolidaría el imperio. Hoy en día, se dice que para los marroquíes que no pueden permitirse el viaje a La Meca, realizar cinco peregrinaciones (el Moussem de finales de verano) a Moulay Idriss equivale a un Hajj.

Qué ver y hacer en Moulay Idriss

Aunque es un pueblo pequeño, su trazado medieval y su encanto invitan a explorarlo con calma. Aquí tienes los puntos imprescindibles para tu visita:

El Mausoleo de Moulay Idriss I

Es el centro neurálgico del pueblo. Aunque la entrada al santuario interior está estrictamente reservada a los musulmanes, puedes acercarte hasta la barrera de madera tallada que marca el límite sagrado para admirar los hermosos arcos de estuco y el ambiente de devoción.

Mausoleo

El Minarete Cilíndrico

Construido en 1939, es una rareza arquitectónica. Es el único minarete de base circular en todo Marruecos. Está cubierto de vibrantes azulejos verdes (el color del Islam) que forman caligrafías con versos del Corán.

El Mercado de Alimentación: Un festín para los sentidos

Si quieres vivir la experiencia más auténtica en Moulay Idriss, no puedes dejar de visitar su mercado de abastos. Situado muy cerca de la plaza principal y de las callejuelas que llevan al mausoleo, este mercado es el epicentro de la vida local.

Es un lugar ruidoso, colorido y lleno de vida, ideal para practicar tu regateo si decides comprar algunos frutos secos o especias para llevarte de recuerdo.

Entrada al mercado municipal

La Plaza Central

Es el alma del pueblo y el punto donde te dejará el Grand Taxi a tu llegada. Esta amplia explanada es el lugar ideal para sentarse en una de sus terrazas a observar el ir y venir de la gente: desde peregrinos que llegan de todo Marruecos hasta ancianos compartiendo confidencias a la sombra.

La plaza está rodeada de cafés y pequeños restaurantes donde se sirve el omnipresente té a la menta. En los laterales de la plaza encontrarás numerosos puestos de parrillada y «kefta». Verás cómo el humo de las brasas impregna el aire con un aroma irresistible. Te recomiendo pedir un bocadillo de carne picada o unas brochetas; es comida callejera deliciosa, barata y totalmente auténtica.

Plaza Central

Las Terrazas Panorámicas (La Grande y La Petite Terrasse)

Prepárate para subir escaleras. Perderse por la parte alta del pueblo tiene su recompensa: llegarás a unos miradores espectaculares desde donde se contempla todo el pueblo, el tejado piramidal verde del mausoleo y las llanuras donde se asienta Volubilis.

Vistas desde uno de sus miradores

Perderse por su laberíntica Medina

A diferencia de Fez o Marrakech, la medina de Moulay Idriss es extremadamente tranquila. Sus callejuelas empinadas, sus casas encaladas y sus pasadizos arqueados te regalarán fotografías preciosas sin esquivar a las multitudes.

Medina
Caminando por la Medina

Cómo llegar desde Meknes: La opción más barata

Llegar a Moulay Idriss desde Meknes es muy sencillo, rápido y, sobre todo, económico si sabes cómo moverte al estilo marroquí. La ciudad sagrada se encuentra a tan solo unos 25 kilómetros de Meknes.

La mejor manera de hacer este trayecto es en un Grand Taxi compartido. El billete cuesta exactamente 12 dirhams por persona (algo más de 1 euro) y para tomarlo debes dirigirte a la parada de Grand Taxis que se encuentra cerca del Instituto Francés (Institut Français) o en la estación norte, que agrupa los taxis que van hacia el área de Zerhoun.

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